DON RAMIRO PRIALÉ
Por: Fernando Arias - Stella C. (*)
Pero no
queremos limitarnos a reflexionar sobre lo inevitable de su muerte. Queremos
comentar lo irreparable de su vida. Don Ramiro Prialé fue un hombre noble y
ejemplar. De hecho, no tuvimos el placer de conocerlo personalmente, pero si lo
conocimos indirectamente. Gracias a sus parientes (específicamente sus nietos
Rodolfo y Horacio), gracias a sus compañeros de partido, gracias a los miles de
hombres y mujeres humildes que él acostumbraba ayudar: a través de todos
ellos podemos hacernos una imagen de su existencia.
Don
Ramiro Prialé, destacó visiblemente en el mundo de la política. En su partido
-el APRA- ocupó siempre lugar de importancia. A nivel nacional, lo mismo. Puede
citarse como ejemplo de su peso específico dos datos: fue el hombre que
llevó al APRA a la legalidad y a Prado a la presidencia, y recientemente se ha
revelado que se le ofreció la presidencia en 1962.
La
historia parlamentaria lo recordará como uno de los pilares de la célula
parlamentaria aprista. Llegó con Manuel Seoane y Luis Heysen en 1945 al senado,
y desde entonces logró demostrar su capacidad como legislador. Son muchas las
leyes en las que tuvo participación, pero queremos mencionar sólo dos; por ser
de rango constitucional. Primero, es el responsable de la norma 197 de
nuestra Constitución de 1979, relativa al presupuesto; segundo,
es el autor del Art. 257 in fine de la misma Carta Política. De
esto, hay constancia escrita.
En ellas,
se expresa la experiencia del parlamentario y la sagacidad del político; además
de su calidad de jurista genésico.
No
queremos ahondar, en un tema que otros podrán tratar con mayor conocimiento
pero sí queremos recordar su conducta política. El señor Ramiro Prialé fue un
líder que prefirió el camino difícil de la democracia, al recurso fácil de la
violencia. A pesar de sufrir más de una década de prisiones, optó por no perder
la fe en las elecciones libres. Fue un hombre modelo, sin ser erudito era
sabio; sin ser audaz era exitoso. Pero sobre todo, era un político paciente.
Sabía que es mejor la espera al apuro, el triunfo seguro a la victoria pírrica.
Como
hombre, don Ramiro Prialé fue bondadoso. Lo demuestra el dolor sincero de una
multitud, el llanto fraterno de sus compañeros, la plegaria silenciosa de sus
hijos y nietos, la impronta de ausencia en su esposa. Ha muerto un hombre
bueno, pero ha nacido un ejemplo a seguir.

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