jueves, 31 de marzo de 2022

EL CONGRESO Y LAS REFORMAS A LA CONSTITUCIÓN

El congreso y las reformas a la Constitución

Por: Martín Tanaka (*)

En estos días, el Congreso ha sido duramente criticado, después de que al final de la legislatura 2007-2008 no se logrará ni siquiera discutir en el Pleno la aprobación de un conjunto de importantes reformas constitucionales.

¿Qué es una Constitución y para qué sirve?  ¿Conviene cambiar la actual Constitución y, más todavía, ‘volver’ a la de 1979? En general, una Constitución establece las reglas de juego básicas con las que funciona la Comunidad política, y establece un conjunto de incentivos y sanciones, de posibilidades y prohibiciones, que debemos seguir los ciudadanos y los actores políticos. Se trata de reglas que deben funcionar para todos los actores, de modo que en la competencia unos ganen y otros pierdan, pero donde los que pierden nunca pierden todo y siempre pueden ganar en el futuro.

De esto se deriva que, en cuanto al cambio constitucional, conviene seguir un criterio conservador, ante el riesgo de caer en la inestabilidad. Como resulta obvio, si las reglas de juego se cambian constantemente, no hay juego posible. Ahora bien, ¿Qué tan necesario es cambiar la constitución? ¿Hay actualmente problemas serios que se resuelven cambiándola? No me parece obvio que la solución de los principales problemas del país requiera necesariamente de cambios constitucionales; y muchos de los problemas invocados para justificar las reformas pueden ser resueltos mediante cambios legales o reglamentarios. No es extraño que la mayoría no perciba ese debate como trascedente. Sin embargo, más allá de esto, podría ser conveniente hacer correcciones y mejoras, si es que existiera el consenso necesario. Pero este no existe, al menos no todavía. Y si no existe, embarcarse en cambios constitucionales puede ser muy riesgoso.

Actualmente vemos en Venezuela, Ecuador o Bolivia que sus asambleas constituyentes generaron mucha polarización social y abrieron la posibilidad de elegir regímenes autoritarios. O puede caerse en hacer reformas parciales e incoherentes, que empeoren las cosas.

Al congreso le ha caído con palo en estos días. Ciertamente, la mayoría de las veces las críticas son ampliamente merecidas; esta vez me parece que no tanto. Algunos han criticado al Congreso por no velar o representar “el interés general” de la sociedad, y a los diversos grupos políticos por “priorizar sus intereses de grupo”. En realidad, Congreso no representa ni puede representar el interés general, que no existe en abstracto. Lo que si existe es una sociedad con conflictos, con visiones contrapuestas y en disputa; además, fragmentada y recelosa de la política. Y el Congreso refleja en gran medida de eso, expresa una correlación de fuerzas determinada y la debilidad de los actores políticos. En este contexto, algunas reformas son posibles; otras, no.   

(*). Perú 21 (24-05-2008)