MENCIÓN HONORARIA AL DR. ERNESTO ALAYZA GRUNDY
RECTOR PUCP (*)
Hoy
vivimos una de esas experiencias singulares. Un hombre formado por nuestra
Universidad y que supo a lo largo de su fecunda vida desplegar y enriquecer las
simientes que, añadidas a las de su hogar, fueron entregadas por nosotros,
viene a ésta su casa, para recibir merecido homenaje.
El
diccionario de la Real Academia de la Lengua, que contiene la inconmesurable
riqueza léxica de nuestro idioma, nos ofrece entre sus vocablos más preciados
los de la honestidad, el honor y la caballerosidad. Y anota acerca de ellos que
se debe entender por honesto a quien, a través de su conducta, se caracteriza
por ser justo y razonable, calidades que, a su turno, nutren el concepto del
honor, el cual construyéndose precisamente gracias a la razón y a la justicia
propician que, aquellos dignos de ser llamados honorables, sean los que asuman
el más sincero cumplimiento de sus deberes respecto del prójimo y de ellos
mismos. Finalmente, honestidad y honor se presentan como los ingredientes
indispensables para que podamos identificar al caballero, es decir a quien se
comporta con nobleza y generosidad.
Don
Ernesto Alayza Grundy es para todos aquellos que le conocen el ejemplo vivo del
caballero honesto y honorable. A despecho de los muy frecuentes equívocos en
los que la apariencia exterior traiciona la realidad espiritual que define a
las personas, en don Ernesto sus ascéticos rasgos anuncian de manera parca,
pero plena, la riqueza de una inteligencia penetrante, de una voluntad tenaz,
vale decir la existencia de una sólida conciencia moral.
Así
pues, valores postulados de modo abstracto hallan en él forma concreta y
demuestran que no son simple ilusión. Figura cervantina que nuestra fantasía
pareciera reservar sólo al mundo de la ficción se anida de pronto en un hombre
singular y nos señala que es posible, más allá de la novela, encontrar en el
mundo en que nos ha tocado vivir al personaje desinteresado que sólo se enamora
de las causas justas. El Dr. Ernesto Alayza Grundy, don Ernesto para quienes
deseamos sentirnos cercanos a él, representa para la Pontificia Universidad
Católica del Perú no sólo a quien se desempeñara en ella como atinada
autoridad, eficiente funcionario y docto profesor, roles que nuestra historia
de 80 años deberá necesariamente consignar; no sólo ha sido también el sabio
consejero que en difíciles cuestiones jurídicas ha ayudado con acertadas
sugerencias a adoptar las mejores soluciones; recogiendo todo ello y
superándolo, él ha sido y es, para nuestra Casa de Estudios, una de las
personas que se acerca más al hombre que aspiramos a formar: profesional
competente, persona sensible y comprometida con las penas y alegrías de su
patria, hombre de sólidos principios católicos que no ha querido divorciarlos
de su vida y que, por tanto, ha obrado con recta conciencia en cada uno de sus
actos familiares y profesionales.
Por todo
eso, porque lo sentimos tan nuestro, porque condensa tantas virtudes que
nosotros queremos transmitir a nuestros jóvenes, es que hoy le rendimos este
homenaje. Su natural humildad hizo que se resistiera a la organización de este
acto, y con esa actitud no logró sino que nos ratificáramos en nuestra
comprensión de que nos hallábamos frente a un hombre que merecía ser mostrado
como ejemplo. Lo hacemos con sinceridad y emoción, y una vez más nos valemos de
él para, señalándolo, indicar que son hombres de su integridad y temple
aquellos que, desde siempre, hemos querido formar.
Doctor
Ernesto Alayza Grundy, reciba de la Pontificia Universidad Católica del Perú,
su hogar intelectual, un afecto que desborda límites y que halla su modesta y
simbólica expresión en este recuerdo.
(*). Lima, 27
de Octubre de 1997

