jueves, 15 de diciembre de 2022

SITUACIÓN Y POSICIONES DE CLASE: UNA LECCIÓN PARA EL PERÚ DE HOY

 SITUACIÓN Y POSICIONES DE CLASE: UNA LECCIÓN PARA EL PERÚ DE HOY

Por: Arturo Ojeda

Un elemento fundamental de la política revolucionaria, es el saber distinguir entre ambos conceptos. Una persona puede pertenecer a una determinada clase social (situación de clase), pero identificarse con las reivindicaciones de otra clase social (posición de clase). Los casos más ejemplares, están en muchos de los líderes fundadores del Apra. Los cuales provenían de las llamadas "clases acomodadas" del Perú de inicios del siglo XX. Pero, renunciaron a su situación de clase, para asumir otra posición de clase, la de los trabajadores. Obviamente, no son los únicos en la historia, ni nacional ni universal. Pero los reivindico para el caso peruano.

LO EXCELSO DE LA POLÍTICA

La decisión asumida por ese conjunto de jóvenes liderados por Haya de la Torre, se asemeja a la de Francisco de Asís, cuando renunció a las comodidades de su familia, para ponerse al servicio de los más pobres. Evidentemente, aquí no hablamos de religión, más sí de política.

Es sencillo que un joven tome esa resolución a los 20 o 30 años. Lo difícil es que la mantenga luego de 20 o 30 años. La generación de Víctor Raúl, tuvo la entereza de hacerlo. Nunca cejaron de identificarse con los trabajadores manuales e intelectuales. Por encima de sus propias posibilidades personales.

En los difíciles momentos que vive el país, es cuando más necesitamos recordar el ejemplo de estos maestros. El Perú vive gran desigualdad. Gente reducida en número que acumula mucha riqueza y grandes mayorías que no tienen acceso a ella. El conflicto actual no es sino producto de ello. ¿Cuánto cambiaría el Perú si tuviéramos empatía con los necesitados y no tratáramos de convertirlos en "enemigos" de clase?

El aprismo nació contra esa posición. Por eso construyó una ideología completa que resolvía dialécticamente la contradicción. De ahí que habláramos de LUCHA DE PUEBLOS no de clases. Y se equivoca la oligarquía que quiere escudarse tras de los sectores medios para defender sus privilegios mal ganados. Porque lo único que resolverá el problema del país, es la política de Frente único de Clases Explotadas. Los pobres no quieren quitarle nada sectores medios, por el contrario, van a darle fuerza para luchar contra los monopolios y oligopolios que impiden su desarrollo.

No se trata de Pueblo contra Pueblo. Se trata del Pueblo contra la Oligarquía, la realmente culpable de nuestras inmensas carencias.

Todo esto, se objetiva con la restitución de la Constitución de 1979. Gran Proyecto Nacional del Frente Único de clases, obreras, campesinas y medias. Eso, no es la constitución entreguista y anti popular de 19993, no es la desesperación sin norte de una nueva constitución. La historia del Perú es clara. Cuando el Pueblo se ha unido siempre ha vencido. Y este Pueblo, está compuesto de trabajadores manuales e intelectuales, no de oligarcas ni sus mayordomos.

 

Fuente: Facebook de Arturo Ojeda (15-12-2022)

jueves, 31 de marzo de 2022

EL CONGRESO Y LAS REFORMAS A LA CONSTITUCIÓN

El congreso y las reformas a la Constitución

Por: Martín Tanaka (*)

En estos días, el Congreso ha sido duramente criticado, después de que al final de la legislatura 2007-2008 no se logrará ni siquiera discutir en el Pleno la aprobación de un conjunto de importantes reformas constitucionales.

¿Qué es una Constitución y para qué sirve?  ¿Conviene cambiar la actual Constitución y, más todavía, ‘volver’ a la de 1979? En general, una Constitución establece las reglas de juego básicas con las que funciona la Comunidad política, y establece un conjunto de incentivos y sanciones, de posibilidades y prohibiciones, que debemos seguir los ciudadanos y los actores políticos. Se trata de reglas que deben funcionar para todos los actores, de modo que en la competencia unos ganen y otros pierdan, pero donde los que pierden nunca pierden todo y siempre pueden ganar en el futuro.

De esto se deriva que, en cuanto al cambio constitucional, conviene seguir un criterio conservador, ante el riesgo de caer en la inestabilidad. Como resulta obvio, si las reglas de juego se cambian constantemente, no hay juego posible. Ahora bien, ¿Qué tan necesario es cambiar la constitución? ¿Hay actualmente problemas serios que se resuelven cambiándola? No me parece obvio que la solución de los principales problemas del país requiera necesariamente de cambios constitucionales; y muchos de los problemas invocados para justificar las reformas pueden ser resueltos mediante cambios legales o reglamentarios. No es extraño que la mayoría no perciba ese debate como trascedente. Sin embargo, más allá de esto, podría ser conveniente hacer correcciones y mejoras, si es que existiera el consenso necesario. Pero este no existe, al menos no todavía. Y si no existe, embarcarse en cambios constitucionales puede ser muy riesgoso.

Actualmente vemos en Venezuela, Ecuador o Bolivia que sus asambleas constituyentes generaron mucha polarización social y abrieron la posibilidad de elegir regímenes autoritarios. O puede caerse en hacer reformas parciales e incoherentes, que empeoren las cosas.

Al congreso le ha caído con palo en estos días. Ciertamente, la mayoría de las veces las críticas son ampliamente merecidas; esta vez me parece que no tanto. Algunos han criticado al Congreso por no velar o representar “el interés general” de la sociedad, y a los diversos grupos políticos por “priorizar sus intereses de grupo”. En realidad, Congreso no representa ni puede representar el interés general, que no existe en abstracto. Lo que si existe es una sociedad con conflictos, con visiones contrapuestas y en disputa; además, fragmentada y recelosa de la política. Y el Congreso refleja en gran medida de eso, expresa una correlación de fuerzas determinada y la debilidad de los actores políticos. En este contexto, algunas reformas son posibles; otras, no.   

(*). Perú 21 (24-05-2008)