sábado, 4 de noviembre de 2023

A ERNESTO ALAYZA GRUNDY

 A ERNESTO ALAYZA GRUNDY

Por: Juan Carlos Tafur (*)

El 18 de octubre cumplió 75 años Ernesto Alayza Grundy y dado a su importancia pública y su significación política nos colocamos en el imperativo de sumarle a su personal e íntima autorreflexión este sencillo recuento y homenaje.

Alayza despliega sus primeros compromisos públicos en los terrenos de la práctica social cristiana. En el Centro Católico de Miraflores, bajo la inspiración del sacerdote español Amelio Plasencia y como dato interesante, teniendo entre sus alumnos a Luis Bedoya Reyes, Alayza inicia su compromiso vital.

Bajo esta circunstancia, Alayza participa luego en el movimiento de Acción Católica, lo cual, además de fortalecer su ya convicto compromiso socialcristiano, le permitió establecer lazos de amistad con jóvenes de otros países con similares inquietudes. Personas como Rafael Caldera o Eduardo Frei compartieron con él ideas y emociones sobre la común realidad latinoamericana y sobre las perspectivas y dificultades de aplicar la bullente reflexión pastoral de la Iglesia Católica.

Así se entiende la participación política de Ernesto Alayza. Sin soslayar que desde muchos años atrás desempeño cargos públicos, en 1956 participa en la fundación de la Democracia Cristiana. En cabal ejercicio de consecuencia entiende que la política no debe ser un terreno reñido con la ética cristiana sino, todo lo contrario, su mejor campo de despliegue.

La Democracia Cristiana de ese entonces, a pesar de no alcanzar el éxito político, desempeña un rol inédito en la historia política nacional: el de promoción ideológica e influencia doctrinaria. Circunstancias que no es pertinente detallar hacen que el proyecto se trunque y Alayza, junto con un grupo grande de demócratas cristianos, decide renunciar. Llevado por el mismo sentido de consecuencia que le hiciera ser fundador de la Democracia Cristiana, esta vez, transcurridos diez años, funda el Partido Popular Cristiano (1966) y ejerce por consenso la presidencia de la flamante agrupación.

Apartándose de la medianía en cuanto al éxito electoral, el PPC participa de manera importante en la Asamblea Constituyente de 1978. Con el limpio antecedente democrático de no haber colaborado con la dictadura, el APRA,  aún bajo la dirección de Haya de la Torre, y el PPC, comparten responsabilidades, Haya preside la Constituyente, Luis Alberto Sánchez es su primer vicepresidente y Alayza el segundo.

Se llega al hito democrático de 1980 y en él Ernesto Alayza resulta elegido senador de la República habiendo participado en la plancha presidencial de su partido. Además de ello, como parte del apoyo brindado por su agrupación política al gobierno de Acción Popular, desempeña luego, entre 1983 y 1984, la cartera de Justicia.

EJERCICIO DE VIRTUD

De por si es destacable la trayectoria reseñada, pero lo que en esta ocasión queremos enfatizar es el trasfondo de compromiso ético que la ha acompañado. “Rara avis” de la política nacional ésta que siempre antepuso su sentido de compromiso a su interés personal. Carente de aquello que se conoce como el “orgasmo por el poder”. Alayza no orientó sus acciones en tal perspectiva.

Perteneciente a una generación política
que no cree en la escisión entre las buenas maneras y la severidad, seguramente causó más de un enojo por su honesta actitud personal. Entre sus honrosos “desatinos” se cuenta el haberse definido, cuando muy pocos se atrevían a hacerlo, como un hombre de derecha o, en gesto que lo pinta de cuerpo entero, cuando la media voz era general durante la Constituyente al respecto, el haber sido uno de los primeros en exigir la devolución de los medios de comunicación a sus legítimos propietarios.

Remontándose por ello por sobre desencuentros producidos en el fragor de la lucha política, su persona se asienta en el reconocimiento consensual y respetuoso de sus amigos y hasta de sus adversarios políticos.

Hacer ejercicio de virtud en política es poco común y hacerlo durante toda una vida, es casi una excentricidad. Es por eso que, en un país sin memoria como el nuestro, recordar a Ernesto Alayza además de un homenaje personal por la especial fecha, es también -y más en momentos como el actual- un acto de pedagogía política.

(*) EXPRESO. Lima, Martes 20 de octubre de 1987. Pág. 11.

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